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title: "El entrenamiento ABC en relajación: una forma individualizada de aprender a regularse"
description: "La aplicación del análisis funcional permite comprender la función de la relajación y favorecer la generalización de habilidades de regulación en la vida diaria."
url: https://www.actualidadenpsicologia.com/entrenamiento-abc-relajacion/
date: 2026-09-29
modified: 2026-09-29
author: "Mario Arrimada Fernández"
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categories: ["Artículos de colaboradores"]
tags: ["Psicoterapia", "Salud mental"]
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# El entrenamiento ABC en relajación: una forma individualizada de aprender a regularse

La relajación ocupa desde hace décadas un lugar relevante dentro de la intervención psicológica y se utiliza como complemento en el tratamiento de problemas relacionados con la ansiedad, el estrés, el insomnio o el dolor. Sin embargo, bajo este término se agrupan procedimientos muy diferentes, como la relajación muscular progresiva, los ejercicios respiratorios, el entrenamiento autógeno, la imaginería o determinadas formas de meditación.

Tradicionalmente, estas técnicas se han entendido como diferentes caminos para alcanzar un mismo objetivo: reducir la activación y favorecer un estado de calma. No obstante, esta visión explica con dificultad por qué una misma técnica puede resultar muy útil para una persona y apenas producir efectos en otra, o por qué una misma persona puede experimentar respuestas diferentes según el procedimiento utilizado.

Partiendo de esta cuestión, Jonathan C. Smith propone una forma diferente de entender el aprendizaje de la relajación. En *Entrenamiento ABC en relajación: una guía práctica para los profesionales de la salud*, plantea que aprender a relajarse no consiste únicamente en dominar una técnica, sino en explorar diferentes procedimientos, observar las experiencias que generan y construir progresivamente un entrenamiento adaptado a las características de cada persona. Para ello desarrolla el modelo ABC, basado en la interacción de componentes atencionales (*Attentional*), conductuales (*Behavioral*) y cognitivos (*Cognitive*) implicados en el aprendizaje de la relajación (Smith, 2001).

Más que presentar una nueva técnica de relajación, el entrenamiento ABC propone una forma diferente de comprender cómo se aprende a regularse y cómo pueden seleccionarse y combinarse distintos procedimientos en función de la experiencia y las necesidades de cada persona. En el presente artículo se revisan los principales elementos de esta propuesta, desde las dimensiones atencional, conductual y cognitiva hasta los Estados-R, las Actitudes-R, las Creencias-R y el Ciclo de Renovación. También se aborda cómo Smith plantea la individualización del entrenamiento y, desde una perspectiva complementaria, qué puede aportar el análisis funcional de la conducta para comprender su aplicación y generalización en la vida cotidiana.

## ¿En qué consiste el entrenamiento ABC?

El entrenamiento ABC parte de una idea sencilla: las diferentes técnicas de relajación no tienen por qué producir la misma experiencia. Procedimientos como la relajación muscular progresiva, los ejercicios respiratorios, el entrenamiento autógeno, la imaginería, los estiramientos o la meditación pueden favorecer formas distintas de regulación y generar efectos diferentes según la persona y el contexto (Smith, 2001).

Por ello, el modelo no propone comenzar seleccionando una única técnica, sino explorar inicialmente distintos procedimientos para observar cómo responde cada persona. El objetivo no es dominar todas las modalidades de relajación, sino experimentar con ellas, identificar qué ocurre durante la práctica y utilizar esa información para orientar posteriormente el entrenamiento. De este modo, la respuesta individual se convierte en una fuente de información para personalizar la intervención.

Las siglas ABC hacen referencia a tres dimensiones que intervienen en este proceso de aprendizaje: la atención (*Attentional*), la conducta (*Behavioral*) y la cognición (*Cognitive*). La dimensión atencional se refiere a los procesos de selección, mantenimiento y alternancia del foco atencional durante la práctica. La dimensión conductual abarca las respuestas motoras y las habilidades adquiridas mediante la repetición. Por su parte, la dimensión cognitiva comprende los procesos de procesamiento de información, incluyendo esquemas de pensamiento, creencias, expectativas y las interpretaciones subjetivas que el individuo otorga a la experiencia de relajación. Estas dimensiones interactúan durante el aprendizaje y ayudan a comprender por qué una misma técnica puede producir experiencias diferentes en distintas personas (Smith, 2001).

Desde esta perspectiva, aprender a relajarse implica algo más que ejecutar correctamente una técnica. Supone aprender a reconocer las propias respuestas, identificar qué procedimientos resultan más útiles y desarrollar progresivamente un repertorio de autorregulación que pueda adaptarse a las características, necesidades y objetivos de cada persona.

## Más allá de una técnica: una forma diferente de entender la relajación

Una de las principales aportaciones del modelo de Smith consiste en cuestionar la idea de que la relajación sea un único estado definido únicamente por la reducción de la activación fisiológica. Dos personas pueden realizar el mismo ejercicio y experimentar respuestas diferentes sin que ello signifique que una lo esté haciendo correctamente y la otra no. Una puede percibir principalmente una disminución de la tensión muscular; otra, una mayor tranquilidad mental; otra, una sensación de desconexión de las preocupaciones; y otra, una mayor conciencia o estabilidad (Smith, 2001).

Esta perspectiva entiende la relajación como una experiencia en la que intervienen componentes fisiológicos, cognitivos, atencionales y emocionales. La disminución de la tensión corporal constituye una de sus posibles manifestaciones, pero no la única. Esta concepción coincide con trabajos que han destacado la importancia de los componentes cognitivos y emocionales de la relajación y su relación con las emociones positivas (Amutio Kareaga, 2000, 2002).

Desde este enfoque, la pregunta deja de ser únicamente cuál es la técnica «más eficaz» y pasa a centrarse en qué experiencias favorece cada procedimiento y cuáles pueden resultar más útiles para una persona concreta, teniendo en cuenta sus objetivos y el contexto en el que vaya a utilizar la relajación.

## El Ciclo de Renovación

El Ciclo de Renovación constituye uno de los elementos centrales del modelo ABC. Con este concepto, Smith describe la relajación como un proceso de aprendizaje dinámico en el que la práctica no solo produce efectos inmediatos, sino que también puede modificar progresivamente la forma en que la persona interpreta sus experiencias y afronta el propio entrenamiento (Smith, 2001).

En este proceso interactúan los Estados-R, que describen diferentes formas de experimentar la relajación; las Actitudes-R, relacionadas con las expectativas y disposiciones que pueden facilitar o dificultar el aprendizaje; y las Creencias-R, entendidas como perspectivas que pueden favorecer una relación más flexible con la práctica. Estos elementos se influyen mutuamente: las experiencias que surgen durante la práctica pueden modificar las expectativas y creencias de la persona, mientras que estas, a su vez, influyen en la manera de practicar y en cómo se interpretan los resultados obtenidos.

De este modo, cada experiencia de relajación puede aportar información para ajustar el entrenamiento. Una respuesta determinada puede reforzar una forma de practicar, generar nuevas expectativas o llevar a probar otros procedimientos. El aprendizaje se convierte así en un proceso progresivo de exploración y ajuste, en el que la experiencia de la persona orienta la evolución del propio entrenamiento (Smith, 2001).

## Los Estados-R: diferentes formas de experimentar la relajación

Uno de los conceptos más característicos del modelo de Jonathan C. Smith es el de **Estados-R** (*Relaxation States*). Frente a la idea de que relajarse consiste en alcanzar un único estado de calma, Smith propone que durante la práctica pueden aparecer diferentes experiencias de relajación. Entre ellas se encuentran la somnolencia, la desconexión, la relajación física, el silencio mental, la relajación mental, la fortaleza y conciencia, el gozo, el amor y agradecimiento y la devoción o espiritualidad (Smith, 2001).

Estas categorías no representan etapas que deban alcanzarse en un orden determinado ni experiencias que todas las personas tengan que experimentar. Su función es ofrecer un lenguaje más preciso para describir lo que ocurre durante la práctica. Así, mientras una persona puede experimentar principalmente una disminución de la tensión muscular, otra puede notar una mayor tranquilidad mental, una sensación de desconexión de las preocupaciones o un aumento de la claridad y la conciencia.

Esta clasificación tiene también una utilidad clínica. En lugar de limitarse a preguntar si alguien «se ha relajado», el profesional puede explorar qué tipo de experiencia ha aparecido y valorar si resulta adecuada para el objetivo perseguido. No siempre interesa favorecer el mismo Estado-R: la somnolencia puede ser especialmente útil antes de dormir, mientras que en otros contextos puede ser preferible mantener un buen nivel de atención y reducir únicamente la tensión física o el exceso de actividad mental.

Por ello, los Estados-R no deben entenderse como un catálogo rígido ni como una relación fija entre cada técnica y un resultado determinado. Constituyen una herramienta para observar cómo responde cada persona y utilizar esa información para seleccionar y combinar los procedimientos que mejor se adapten a sus necesidades y objetivos (Smith, 2001).

## Las Actitudes-R y las dificultades para aprender a relajarse

El modelo ABC destaca que aprender a relajarse no depende únicamente de la técnica utilizada, sino también de las expectativas y disposiciones con las que la persona afronta el entrenamiento. Smith denomina **Actitudes-R** a aquellas disposiciones relacionadas con la práctica que pueden facilitar o dificultar el aprendizaje de la relajación (Smith, 2001).

Entre las dificultades más habituales se encuentran esperar resultados inmediatos, creer que relajarse implica dejar la mente completamente en blanco o interpretar la aparición de pensamientos, distracciones o cierta tensión como una señal de que el ejercicio está fracasando. Estas expectativas pueden llevar a la persona a centrarse continuamente en comprobar si «ya está relajada», convirtiendo la práctica en un intento constante de controlar la experiencia.

Desde esta perspectiva, las dificultades que aparecen durante una sesión no tienen por qué interpretarse como un fracaso, sino que pueden formar parte del propio proceso de aprendizaje. La distracción, la inquietud o la escasa sensación de relajación pueden aportar información útil sobre las expectativas de la persona, el procedimiento utilizado o las condiciones en las que se está practicando. En lugar de concluir que «no sabe relajarse», el entrenamiento ABC propone utilizar esta información para revisar el proceso, ajustar la práctica y favorecer un aprendizaje más flexible (Smith, 2001).

## Las Creencias-R y una relación más flexible con la experiencia

Junto a las Actitudes-R, Smith describe las **Creencias-R**, entendidas como perspectivas generales que pueden facilitar el aprendizaje y favorecer que los beneficios de la relajación se mantengan más allá de la propia práctica. Entre ellas incluye la aceptación, el optimismo, la honestidad con la propia experiencia, la confianza en uno mismo, el amor y la compasión y, para algunas personas, determinadas creencias espirituales o existenciales (Smith, 2001).

Estas creencias no deben interpretarse como pensamientos positivos que la persona deba repetirse durante los ejercicios, sino como formas de relacionarse con la experiencia. Por ejemplo, la aceptación puede facilitar una actitud menos centrada en luchar contra los pensamientos o sensaciones que aparecen durante la práctica; la honestidad permite reconocer cuándo una técnica no está resultando útil; y el optimismo puede favorecer la continuidad del entrenamiento cuando los resultados todavía son modestos.

Smith subraya que estas perspectivas no constituyen requisitos para aprender a relajarse, sino posibles facilitadores cuyo valor dependerá de las características y del sistema de creencias de cada persona. En conjunto, las Creencias-R complementan a los Estados-R y a las Actitudes-R al mostrar que el aprendizaje de la relajación también está relacionado con la manera en que la persona interpreta y se relaciona con su propia experiencia (Smith, 2001).

## **Hacia un entrenamiento verdaderamente individualizado**

Una de las principales aportaciones del modelo ABC es cuestionar la idea de que exista una única forma correcta de enseñar relajación. Si distintas técnicas pueden favorecer experiencias diferentes y una misma técnica no produce siempre los mismos efectos, el entrenamiento debe adaptarse a las características y necesidades de cada persona. Individualizar no consiste simplemente en elegir la técnica que más gusta, sino en observar qué ocurre durante la práctica, qué respuestas aparecen y qué utilidad tiene cada procedimiento en relación con los objetivos planteados.

Para ello, Smith propone que la persona explore diferentes formas de relajación antes de establecer un programa definitivo. La práctica de distintos procedimientos permite identificar qué experiencias facilita cada uno y en qué circunstancias pueden resultar más útiles. Una persona puede encontrar especialmente eficaz la relajación muscular cuando existe una elevada tensión física, mientras que puede preferir la respiración o la meditación cuando necesita reducir la actividad mental sin perder completamente la atención. De esta manera, la elección de las técnicas se basa progresivamente en la experiencia obtenida durante el entrenamiento y no únicamente en una recomendación general.

Smith señala que la mayoría de los participantes en sus programas prefería combinar ejercicios procedentes de diferentes técnicas, en lugar de utilizar una sola. Este planteamiento ilustra la importancia de desarrollar un repertorio amplio de recursos, que permita seleccionar diferentes procedimientos en función de las necesidades y situaciones de cada persona (Smith, 2001).

La elección de los ejercicios dependerá también del objetivo perseguido. No es lo mismo favorecer el descanso antes de dormir que reducir la tensión manteniendo un nivel adecuado de atención, ni responder a una elevada tensión muscular que a una preocupación persistente. Por ello, el programa puede modificarse a medida que la persona adquiere experiencia: algunos ejercicios pueden convertirse en recursos habituales, otros utilizarse únicamente en determinadas situaciones y otros dejar de resultar necesarios.

Así, el entrenamiento ABC plantea una forma de aprendizaje progresivo en la que la persona no se limita a aprender técnicas de relajación, sino que desarrolla **un repertorio personalizado de recursos de regulación**. El objetivo final es que pueda reconocer qué necesita en cada momento y seleccionar, combinar o adaptar los procedimientos que mejor respondan a esas necesidades.

## Una lectura desde el análisis funcional de la conducta

Aunque Smith no desarrolla el entrenamiento ABC desde el marco del análisis funcional de la conducta, su propuesta puede interpretarse desde esta perspectiva. Esta lectura no pretende atribuir al autor un planteamiento que no desarrolla explícitamente, sino ofrecer una forma complementaria de comprender cómo se aprende y mantiene la relajación dentro de una intervención psicológica.

Desde este enfoque, afirmar que una persona «no sabe relajarse» aporta poca información para intervenir. Resulta más útil analizar **en qué situaciones intenta relajarse, qué ocurre antes de la práctica, qué respuestas aparecen durante ella y qué consecuencias tiene utilizar o abandonar un determinado procedimiento**. También interesa conocer las reglas y expectativas que guían la práctica: qué espera conseguir la persona, qué interpreta como una señal de que el ejercicio está funcionando y qué hace cuando la experiencia no coincide con lo esperado. La relajación puede entenderse así como un repertorio de habilidades que se adquiere progresivamente mediante la práctica y la experiencia, más que como un estado interno que simplemente «aparece» (Labrador, 2008).

Esta perspectiva también pone el foco en la **generalización**. Aprender a relajarse en un contexto estructurado —por ejemplo, en una consulta o siguiendo una grabación en casa— no garantiza que la persona sea capaz de utilizar esas habilidades cuando realmente las necesita. Por ello, el entrenamiento debe favorecer progresivamente su aplicación en diferentes contextos y situaciones cotidianas. La práctica puede comenzar en condiciones facilitadoras y avanzar hacia escenarios en los que existan más distracciones, demandas o niveles de activación, de manera que las habilidades aprendidas puedan formar parte del repertorio habitual de la persona (Martin & Pear, 2008).

Otro aspecto especialmente relevante es la **función que adquiere la relajación**. Una misma técnica puede facilitar el descanso, mejorar la concentración o ayudar a regular un nivel excesivo de activación. Sin embargo, también puede convertirse en una conducta de seguridad si la persona aprende que necesita eliminar toda señal de ansiedad antes de afrontar determinadas situaciones. Por ejemplo, alguien puede llegar a posponer una exposición, una conversación difícil o una actividad importante hasta sentirse completamente tranquilo. En estos casos, el problema no reside en la técnica de relajación, sino en la función que ha adquirido dentro del repertorio conductual.

Desde esta lectura, el entrenamiento ABC puede entenderse como la adquisición de un conjunto de habilidades de regulación cuyo valor depende tanto de cómo se aprenden como de **cuándo, para qué y en qué condiciones se utilizan**. El objetivo no sería conseguir que la persona permanezca siempre relajada, sino que disponga de recursos flexibles que pueda emplear cuando resulten realmente útiles para adaptarse a las demandas de cada situación. Esto implica que la relajación no tiene que convertirse en una respuesta obligatoria ante cualquier forma de malestar, sino en una herramienta disponible dentro de un repertorio más amplio de estrategias de afrontamiento (Froxán Parga, 2026; Labrador, 2008).

## De la práctica a la vida cotidiana: generalización y mantenimiento de las habilidades de relajación

Aprender una técnica durante una sesión estructurada es solo el primer paso. Para que la relajación se convierta en una habilidad útil, la persona debe ser capaz de utilizarla en diferentes situaciones y mantenerla una vez finalizado el entrenamiento. Desde los principios del aprendizaje, adquirir una respuesta en un contexto concreto no garantiza que aparezca automáticamente cuando cambian las condiciones de práctica (Martin & Pear, 2008).

Por ello, el entrenamiento puede comenzar en condiciones estables y facilitadoras, pero progresivamente debe favorecer la aplicación de las habilidades en contextos más variados. Una práctica inicialmente larga puede simplificarse con el tiempo, las instrucciones externas pueden dejar de ser necesarias y los ejercicios pueden adaptarse a situaciones cotidianas. También puede ser útil practicar cuando existen diferentes niveles de activación o distintas demandas, de manera que la persona aprenda a utilizar sus recursos de regulación más allá de las condiciones en las que los adquirió. El objetivo es desarrollar un repertorio flexible, capaz de responder a distintas situaciones y necesidades (Martin & Pear, 2008).

En este punto, la propuesta de los Estados-R vuelve a adquirir importancia. No todas las situaciones requieren el mismo tipo de relajación: una práctica orientada a facilitar el sueño puede no ser la más adecuada antes de una actividad que exige concentración. Generalizar no significa repetir siempre el mismo ejercicio, sino aprender a seleccionar el recurso más útil en función del contexto y del objetivo (Smith, 2001).

El mantenimiento también depende de que el programa sea realista y pueda integrarse en la vida cotidiana. Una técnica difícil de incorporar a la rutina diaria tendrá pocas posibilidades de consolidarse. Por ello, el entrenamiento debe adaptarse a las circunstancias y posibilidades de cada persona, favoreciendo que las habilidades aprendidas pasen progresivamente a formar parte de su repertorio habitual de autorregulación.

## Consideraciones clínicas

Como cualquier intervención psicológica, el entrenamiento en relajación requiere una evaluación previa y una adaptación a las características de cada persona. Antes de iniciarlo conviene valorar el motivo de consulta, los objetivos terapéuticos, la experiencia previa con estas técnicas y la posible presencia de condiciones médicas o psicológicas relevantes.

Durante la práctica pueden aparecer fenómenos como somnolencia, mareo, aumento transitorio de la ansiedad, incomodidad corporal o la aparición de recuerdos desagradables. Estas experiencias no implican necesariamente que la técnica sea inadecuada, pero sí pueden indicar la necesidad de revisar cómo se está desarrollando el entrenamiento. En función de la respuesta de la persona, puede ser conveniente modificar la duración del ejercicio, cambiar el procedimiento, adaptar la postura o introducir otras estrategias de regulación. Cuando existen antecedentes traumáticos o determinadas condiciones médicas, la aplicación de estas técnicas requiere una valoración especialmente cuidadosa y su integración dentro de una intervención profesional.

También conviene recordar que la relajación no constituye un tratamiento universal ni debe plantearse como una herramienta destinada a eliminar cualquier forma de malestar. En muchos casos puede ser un recurso útil dentro de un plan terapéutico más amplio, combinado con intervenciones dirigidas a la exposición, la modificación de conductas de seguridad, el trabajo sobre las interpretaciones disfuncionales o el entrenamiento en regulación emocional. Su utilidad dependerá, en última instancia, de la función que desempeñe dentro del proceso terapéutico y de cómo se integre con el resto de la intervención.

## ¿Cómo evaluar si el entrenamiento está funcionando?

Evaluar un entrenamiento en relajación implica algo más que comprobar si la persona se siente tranquila al terminar un ejercicio. También conviene valorar si reconoce con mayor facilidad sus señales de activación, utiliza las estrategias con mayor autonomía y es capaz de aplicarlas en situaciones relevantes de su vida cotidiana. El interés está, por tanto, en observar qué cambios se producen durante el proceso y no únicamente en la sensación inmediata después de practicar.

Smith desarrolló diversos instrumentos para evaluar aspectos como los Estados-R, las creencias y actitudes relacionadas con la relajación, las actividades de relajación recordadas o los objetivos y preocupaciones asociados al entrenamiento. Estas herramientas permiten obtener una visión más amplia de la experiencia de la persona y muestran que la evaluación puede ir más allá de preguntar si alguien «se ha relajado» (Smith, 2001).

Desde un punto de vista clínico, también resulta útil valorar indicadores funcionales como la calidad del sueño, la tensión física, la concentración, la interferencia del estrés en la vida diaria o la capacidad para afrontar situaciones importantes sin depender exclusivamente de la relajación. También puede ser relevante observar si la persona ha adquirido mayor autonomía para seleccionar y adaptar los procedimientos según la situación.

En este sentido, el éxito del entrenamiento no consiste únicamente en reducir la activación durante un ejercicio, sino en **desarrollar una mayor capacidad para reconocer, regular y manejar la propia activación de forma flexible y adaptativa** en diferentes situaciones de la vida cotidiana.

## Conclusión

El entrenamiento ABC en relajación, desarrollado por Jonathan C. Smith, propone una forma diferente de entender cómo se aprende a relajarse. Su principal aportación no consiste en añadir una nueva técnica, sino en considerar que distintos procedimientos pueden generar experiencias diferentes y que esas diferencias pueden utilizarse para construir programas de entrenamiento adaptados a cada persona (Smith, 2001). La relajación deja así de entenderse como una simple reducción de la activación y pasa a concebirse como una habilidad que integra procesos atencionales, conductuales y cognitivos.

Conceptos como los Estados-R, las Actitudes-R, las Creencias-R y el Ciclo de Renovación permiten comprender que aprender a relajarse implica mucho más que repetir un ejercicio. Supone observar la propia experiencia, revisar expectativas, identificar qué procedimientos resultan más útiles y desarrollar un repertorio de estrategias que pueda adaptarse a distintos objetivos y contextos.

Desde una perspectiva clínica, el modelo invita a abandonar la búsqueda de una técnica universalmente superior para centrarse en una pregunta más útil: qué necesita esa persona, qué efectos produce cada procedimiento y cómo puede integrar esas habilidades en su vida cotidiana. La lectura complementaria desde el análisis funcional añade, además, la importancia de considerar la función que cumple la relajación dentro del comportamiento de la persona, favoreciendo un uso flexible y adaptativo en lugar de convertirla en una estrategia destinada a eliminar cualquier forma de malestar (Froxán Parga, 2026; Labrador, 2008).

En definitiva, el entrenamiento ABC recuerda que enseñar relajación no consiste únicamente en enseñar una técnica, sino en ayudar a cada persona a descubrir cómo, cuándo y para qué le resulta más útil regular su propia activación.

## Fuentes y recursos de información

- **Amutio Kareaga, A. (2000).** Componentes cognitivos y emocionales de la relajación: Una nueva perspectiva. *Análisis y Modificación de Conducta, 26*(109), 647–671. [https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7063829](https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7063829)
- **Amutio Kareaga, A. (2002).** Relajación y emociones positivas. *Ansiedad y Estrés, 8*(1), 59–71. [https://www.ansiedadyestres.es/sites/default/files/rev/ucm/2002/anyes2002a6.pdf](https://www.ansiedadyestres.es/sites/default/files/rev/ucm/2002/anyes2002a6.pdf)
- **Bernstein, D. A., & Borkovec, T. D. (1983).** *Entrenamiento en relajación progresiva: Un manual para terapeutas* (12.ª ed.). Desclée De Brouwer.
- **Froxán Parga, M. X. (Coord.). (2026).** *Análisis funcional de la conducta humana: Concepto, metodología y aplicaciones* (2.ª ed.). Pirámide.
- **Labrador, F. J. (Coord.). (2008).** *Técnicas de modificación de conducta*. Pirámide.
- **Martin, G., & Pear, J. (2008).** *Modificación de conducta: Qué es y cómo aplicarla* (8.ª ed.). Pearson Educación.
- **Smith, J. C. (2001).** *Entrenamiento ABC en relajación: Una guía práctica para los profesionales de la salud*. Desclée De Brouwer.
