martes, octubre 27, 2020

Ensayo sobre el comportamiento pasivo-autodestructivo

Si hay un rasgo altamente peligroso para todos aquellos que estudiamos la psicología del comportamiento, es la personalidad pasivo-destructiva. Aunque este concepto carece aún de un desarrollo teórico homologable a otros rasgos de personalidad, es importante entender que, dentro de los rasgos generales del comportamiento autodestructivo, existen a nivel indiciario, algunas variables que nos permiten establecer ciertas subcategorías ante una conducta que acoge un amplio espectro de especificidades.

Este concepto se define como aquella forma de reducir todos aspectos de la vida a una suerte de circunstancias ajenas al control, en las cuales las variables placer-dolor son substituidas por esfuerzo-recompensa.

En esa ecuación, la recompensa nunca es suficiente para activar el esfuerzo, por un lado, por la incapacidad de obtener satisfacción en cualquiera que fuese la tarea a realizar y, por otro, por el deseo de un sentimiento de insatisfacción y fracaso constante.

Ese deseo es el que hace que la persona no tenga intención alguna de cambiar esa circunstancia negativa por mucho dolor que le provoque. 

La personalidad pasivo-autodestructiva sugiere rutinas autoimpuestas, conformismo, falta de objetivos e incapacidad de mejora.

Esta variable del comportamiento se encuentra involucrada en situaciones que dan lugar a la decepción y al sentimiento de fracaso, no obstante, en el caso de las personas pasivo-destructivas, dichas situaciones no son el resultado de una elección voluntaria sino de una suerte de acontecimientos que aparecen en el contexto de su vida.

El pasivo-destructivo, no elige la opción que genera sufrimiento, no obstante, decide permanecer en ella.

Así, las personas con este tipo de comportamiento se dejan llevar por las expectativas de otros, evitando la confrontación y siendo esclavas de voluntades ajenas.

Su objetivo vital no es más que el puro tránsito entre contextos que se suceden. Las personas pasivas se dejan llevar por las circunstancias y son incapaces de comprender los cambios y mucho menos de motivarlos convirtiéndose en rehenes de lo establecido.

Sin embargo, son altamente dependientes de las opiniones externas y, por lo tanto, tratan infructuosamente de aparentar cumplir con lo que se espera de ellas, sin que tal actitud les comporte ningún tipo de satisfacción personal.

Así, y actuando dentro de las características del espectro autodestructivo, las personas con rasgos pasivos-autodestructivos no se rigen motivadas por la búsqueda del dolor, sino que lo esperan y habitan en él.

En el fondo, aún y siendo políticamente correctas y estéticamente complacientes, las personas pasivo-destructivas se desprecian a sí mismas pues, en el fondo, se sienten vacías de ego, frustradas por todo aquello que no tienen e incapaces de valorar aquello que les permite tener una vida digna y probablemente feliz.

Este estado de insatisfacción constante genera por un lado un enorme estrés, puesto que uno está siempre pendiente de opiniones externas y circunstancias que escapan a su control, en lugar de tratar de cambiar aquellas que le provocan dolor.

Por otro, la pasividad autodestructiva esboza a cada paso, metro a metro el camino a la depresión, cava más hondo el pozo donde se encuentra y eleva ladrillo a ladrillo la distancia del agujero para salir de él.

Este es un círculo que se retroalimenta puesto que cuanto más frustrada se encuentre, más necesidad de obtener una falsa sensación de estabilidad mediante el seguidismo, la obtención de aprobación mediante la sumisión y la obediencia. Finalmente llega un momento en el que se tira la toalla del crecimiento emocional y se convierte una especie de autómata dirigido por las circunstancias, el entorno y el contexto.

Xavier Reinaldo
Xavier Reinaldo
Titulado en psicología, especializado en psicología de la conducta y comunicación no verbal. Post graduado en Gestión de Recursos Humanos y MBA en Administración y Dirección de Empresas de Hostelería, Turismo y Restauración. Nacido en Barcelona en 1984, con más de 10 años de experiencia como docente, formador y actualmente director de comunicación de un grupo hostelero.
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