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Aunque la idea que la pobreza  afecta gravemente a quienes la padecen de pequeños no es novedosa, un nuevo estudio arroja luces sobre como las condiciones de pobreza y estrés estan ligadas a dificultades para regular las emociones en la edad adulta. (Kim et al., 2013).

Los niños de familias menos pudientes son en promedio más propensos a sufrir enfermedades tanto físicas como mentales a lo largo de la vida.

La exposición al estrés a una temprana edad, mientras el cerebro aún está en desarrollo podría generar una dificultad permanente para afrontar con el estrés a edades posteriores.

Kim realizo una investigación donde midió la función cerebral de individuos participantes a los 24 años de edad, 15 años después de haber evaluado su situación en la infancia.

Los resultados obtenidos arrojaron que los individuos cuyas familias eran más pobres a los 9 años de edad, al realizar las pruebas obtenían unos peores resultados cuando tenían 24 años de edad.

Y no importaba si posteriormente hubieran  logrado salir de la pobreza, su difícil situación en la infancia resultó ser el factor esencial en su mediocre desempeño posterior.

Otro factor ligado al deficiente desempeño fue el estrés infantil,  niños en condiciones de pobreza pero que fueron protegidos contra el estrés se desempeñaron mejor en las tareas de supresión emocional.

Entre los factores estresantes se cuentan: las malas condiciones de vivienda, la violencia y los conflictos familiares.

Un motivo más para tratar de proteger a la infancia y al menos, si no se pueden mejorar sus condiciones económicas, evitar los factores estresantes al interior de la familia.

 

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