martes, septiembre 28, 2021

¿Dónde está la salud mental en Colombia?

Colombia en el 2018 volvió a ubicarse como el segundo más feliz del mundo, sin embargo, es el octavo país con más personas con depresión en América Latina.

La salud mental en “locombia”

«No me insista, esta decisión no la tomé hoy, ni ayer, sino hace 15 días» (Semana, 2019). “Un soldado de 18 años de edad y un adulto de 77 años decidieron acabar con su vida” (Caracol Armenia, 2019). “Hombre prendió fuego a una grúa para impedir inmovilización de su moto” (Cabarcas, 2019). “Hombre se tira al piso y llora para no hacer prueba de alcoholemia” (Cartagena, 2018).

Estos son algunos de los titulares a los cuales nos hemos acostumbrado los Colombianos a ver o escuchar en los medios de comunicación nacional. Y al finalizar cada nota, surge la pregunta tanto de quienes la presentan, como de los receptores. ¿Qué está pasando con la salud mental en Colombia?

Es sorprendente pensar que Colombia, país que para el 2018 volvió a ubicarse como el segundo más feliz del mundo, entre las 55 naciones que mide la encuesta anual de fin de año realizada por Gallup, WIN y el Centro de Consultoría, en Colombia (Vida, 2018). sea el mismo país del que habla la Organización Mundial de la Salud (OMS) al referirse al octavo con más personas con depresión en América Latina, siendo superados solo por Cuba, Paraguay, Chile, Uruguay, Perú, Argentina y Costa Rica (Salud, 2017). Cabe nombrar que según la OMS la depresión es “un trastorno mental frecuente que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración”.

En los últimos años, en Colombia, se ha venido observado un incremento en las cifras asociadas a enfermedades mentales o personas con síntomas de estas, y esta situación se ha situado poco a poco en la agenda nacional. Sin embargo, es importante analizar qué ha funcionado y hacia donde nos dirigimos.

Según el Estudio Nacional de Salud Mental 2003, el 40,1% de la población reportó haber tenido alguna vez en su vida uno o más de los 23 trastornos basados en el DSM-IV. Una cifra alarmante (Aguilar, Gómez, Magaña y Posada, 2007). Para el 2015 la Encuesta Nacional de Salud Mental, reportó que 10 de cada 100 adultos de 18 a 44 años y 12 de cada 100 adolescentes tiene algún problema que sugiere la presencia de una enfermedad mental (Gómez, González, Martínez, Matallana, Rodríguez, Rodríguez y Santacruz, 2016).

¿Por qué son relevantes estas cifras y que debería hacerse desde el gobierno para lograr la disminución de las mismas?

Sería evidente pensar que parte del presupuesto nacional debe utilizarse en la implementación de políticas públicas que mitiguen las enfermedades mentales. Lamentablemente, la inversión en salud mental no solo para Colombia sino para el mundo es reducida.

La OMS informa que en muchos países solo se invierte el 2 % del total de los recursos de la salud, lo cual estimaría un promedio inferior a $12.000 COP al año por habitante. Y al hablar de países de bajos ingresos, $775 COP por habitante. Siendo esto de entrada uno de los mayores obstáculos en la promoción de salud mental y tratamiento de enfermedad mental (OMS, 2011).

Colombia no se queda atrás en materia de baja inversión de recursos económicos en la implementación de políticas pública en salud mental, revisando la ejecución presupuestal mensual presentada por el Ministerio de la Protección Social para el 2019, es evidente que entre las leyes y los hechos existe una brecha significativa.

Para enero del presente año solo aparece la palabra mental en uno de los ítems del documento: Atención en salud a población inimputable por trastorno mental. Con un presupuesto de 13.681.037.000 (Ministerio de la protección social, 2019). Para Febrero del 2019, el documento presenta el mismo presupuesto en dicho ítem y de nuevo la palabra mental solo se hace presente una vez dentro del mismo. Al parecer, es como si el término salud mental, no tuviese una necesidad particular de atención y debiese acogerse a los rubros del ítem: Apoyo a programas de desarrollo de la salud ley 100 de 1993.

Y es que aun cuando en esta ley es donde se hacen presentes los principios de eficiencia, universalidad, integridad, solidaridad, unidad, participación y progresividad, la misma presenta contradicciones a sus principios, como el hecho de privilegiar la atención en los programas de hospital día y excluir la hospitalización prolongada o la psicoterapia por más de un mes (Morales, 2013).

Es por ello que se formula en 1998 la Política Nacional de Salud Mental, sin embargo, se ve limitada su ejecución y cobertura por deficiencias en el plan obligatorio de salud (POS) (Centelo y Novella, 2012).

Estas deficiencias llevan a los pacientes con enfermedades mentales a que emprendan acciones tutelares para exigir una atención integral, reconociendo “el derecho a la salud y la obligación de la atención integral de los enfermos mentales” como se especifica en la sentencia T-013 de 1995. Desde entonces, se da campo a la inclusión de salud mental en los planes territoriales de salud a mediados del 2005, lo que trae consigo la creación de leyes y adopción de planes encaminados a dar respuesta a los problemas de salud mental del momento. Ejemplo de estos son la ley 1122 que incluyó la intervención de población vulnerable desde el punto de vista psicosocial; la adopción del Plan Nacional de Salud Pública 2007-2010 donde se declara la salud mental como prioridad; la derogación de acuerdos de la resolución 5521 donde se actualizan los medicamentos y procedimientos del plan obligatorio de salud con el objetivo de brindar tratamientos más integrales a personas con enfermedad mental (Castaño, Restrepo y Rojas, 2018).

Si bien se modificaron las leyes, las acciones tutelares impuestas por los pacientes y el apoyo de los profesionales de la salud, llevan a que se realice la promulgación de la ley 1616 de 2013, (Ley de salud mental) cuyo objetivo es “garantizar el ejercicio pleno del derecho a la salud mental de la población colombiana, declarando que la salud mental es de interés y prioridad nacional, es un derecho fundamental y un tema prioritario de salud pública”. Al parecer todo empezaba a tomar perspectiva para Colombia, además, que dentro del Plan Decenal de Salud Pública 2012-2021 se incluyó la convivencia social y la salud mental como prioridades (Castaño, Restrepo y Rojas, 2018).

Hasta ahí, pareciese que las leyes empiezan a dar respuesta a los problemas asociados a enfermedades mentales y se alinean con las recomendaciones de la OMS. Pero como se dijo anteriormente, la brecha entre la ley y el hecho, es abismal. Tanto así que 5 años después de la promulgación de la Ley de salud mental, el gobierno decide presentar la nueva Política Nacional de Salud Mental, la cual es adoptada para el mes de noviembre.  

Esta surge como respuesta a los retos que tiene el país frente a las enfermedades mentales. Se habla que el incremento en las tasas de suicidio (pasó de 4,4 en 2013 a 5,07 por 100.000 habitantes en 2016) y de intento de suicidio (pasó de 36,1 en 2016 a 52,4 por cada 100.000 habitantes en 2017). Además de reconocer a la depresión como la segunda causa de enfermedad en el país.

¿A que da respuesta esta nueva Política Nacional de Salud Mental?

La política está basada en cinco componentes:

  1. Promoción de la convivencia y la salud mental en los entornos, a través del cual se busca promover el fortalecimiento de redes de apoyo, estilos de vida saludables y cuidado de menores de edad (Ministerio de salud y protección social, 2018).
  2. Prevención de los problemas y trastornos mentales, generando espacios donde se promueva la detección temprana de los mismos (Ministerio de salud y protección social, 2018).
  3. Atención integral e integrada, a través de la cual el sector salud desarrollará redes integrales, con enfoque de atención primaria y adecuación intercultural que integre servicios de baja complejidad, servicios especializados y unidades funcionales (Ministerio de salud y protección social, 2018).
  4. Rehabilitación basada en comunidad e inclusión social, lo cual permitirá mejorar los procesos de identificación de personas con trastornos mentales en los entornos, logrando así una pronta canalización a servicios de salud y el posterior seguimiento con la familia y la comunidad (Ministerio de salud y protección social, 2018).
  5. Gestión, articulación y coordinación sectorial e intersectorial, para continuar el desarrollo de capacidades del talento humano del sector salud (Ministerio de salud y protección social, 2018).

La Nueva Política de Salud Mental se enfoca en esa promoción de la salud mental y manejo de la enfermedad mental. Dicha estrategia de salud pública tanto de prevención como de promoción cuenta con bases científicas sólidas, dentro de un marco de disciplinas diversas como la psicopatología del desarrollo, la psicobiología, la prevención y las ciencias de la promoción de la salud. Adoptarla adecuadamente permitirá evitar muertes prematuras, generará disminución en el estigma que rodea a las personas con enfermedades mentales y mejorará eventualmente el ambiente económico y social, en este caso, del país (OMS, 2002).

Es por ello la importancia de la implementación de políticas públicas en salud mental, para prevenir las enfermedades mentales en el país y reducir las consecuencias asociadas a las mismas de quienes ya las presentan.

Como se evidencia, la legislatura se queda corta, si no se alinea con la ejecución de los planes y proyectos establecidos en las políticas.  Además, según lo planteado por la OMS, una estrategia de salud pública implementada de manera adecuada, siguiendo las recomendaciones dadas en el Programa Mundial de Acción en Salud Mental podrá prevenir las enfermedades mentales y reducir las consecuencias asociadas a las mismas de quienes ya las presentan.

Hasta que no se haga una adecuada implementación de políticas públicas sobre la salud mental, considero que la respuesta a la pregunta ¿Qué está pasando con la salud mental en Colombia? Puede resumirse en la sinopsis del cortometraje Locombia

El estado, por falta de presupuestos adecuados y ante la imposibilidad de una rehabilitación total, deja libres a los locos; quienes salen a la calle a vivir el mundo hostil de las ciudades y sus habitantes. Finalmente, un loco en la Plaza de Bolívar denuncia en un idioma aparentemente inconexo de que son víctimas. Un público que no existe¸ ahoga con sus gritos el discurso del loco. Así es Locombia. (ProimagenesColombia, S.F.)

Referencias
¿Dónde está la salud mental en Colombia?
Leidy Nathalia León Nieto
Psicóloga con énfasis clínico de la Universidad Rosario de Colombia. Maestrando en salud mental comunitaria de la Universidad del Bosque. Experiencia en ámbito clínico psiquiátrico. Directora área de formación y voluntariado ONG TECHO Colombia sede Bogotá.
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