lunes, septiembre 21, 2020

Diálogos de musicalidad y vitalidad en bebés

Stern (1985, 1995) afirma que la musicalidad y la vitalidad humana comparten sentimientos, emociones y la habilidad de corporeizar de forma dinámica dicha energía. Español y Bordoni (2011) estudiaron empíricamente estos procesos en un estudio experimental con bebés, enmarcado en el juego musical. Acerca de la intersubjetividad comunicativa, Español (2014) afirma que actualmente la performance es la musicalidad comunicativa más estudiada en la Psicología de la música en el contexto de experimentación.

Musicalidad y vitalidad en la infancia temprana

Estudios recientes afirman que la musicalidad humana está íntimamente relacionada con las Formas de Vitalidad de Daniel Stern (Ammantini & Ferrari, 2013). Actualmente, autores tales como Bordoni (2018) y Español (2014) concuerdan en que la musicalidad y la vitalidad humana comparten sentimientos, emociones y la habilidad de corporeizar de forma dinámica dicha energía.

Klempe (2009) afirma que, en primer lugar, la música es estudiada como una condición necesaria para el comportamiento comunicativo en todo ser humano. Por ejemplo, Volgsten (2012) configura la musicalidad desde los principios psicogenéticos de la música. En ellos, afirman que el reconocimiento de combinaciones de sonidos identificados como música son una base empírica de comunicación musical. Desde el plano fenomenológico, la interacción y la comunicación musical tienen una gran capacidad de tocar las emociones y demostrar afectividad mediante los sonidos. Desde un plano psicológico, la musicalidad comunicativa tiene relación con el desarrollo de un yo interactivo hacia otros, que reaccionan de ida y vuelta en el desarrollo emocional y comunicacional de la música. Los sentimientos y las emociones son esenciales en la manifestación de la musicalidad. En la infancia temprana, Stern (1985, 1995) y Español (2014) afirma que los sentimientos de unión del bebé y la madre constituyen los primeros desarrollos fases del yo y apunta más allá al nivel de un único yo subjetivo para abrir camino hacia la experiencia intersubjetiva de comunicación social. En este nivel profundamente afectivo, la relación madre e hijo se relaciona con el contexto de interacción social, siendo percibido el contexto y la intencionalidad bajo principios afectivos.  

Esta primera intersubjetividad comunicativa es llamada por Stern (1985, 1995) y Volgsten (2012) como sintonía afectiva. Volgsten (2012) afirma que la sintonización afectiva es un comportamiento comunicativo más o menos inconsciente que se basa en la percepción amodal del contexto y las interacciones sociales. Los padres estén en sintonía con las actividades del niño mediante acciones igualmente amodales, que retiene las propiedades de la acción original. Desde la musicalidad, Español (2014) y Volgsten (2012) afirma que los padres y el bebé comparten la actividad de armonización y entonación del contorno melódico –  afectivo. El principal objetivo de dicha musicalidad es la comunicación dialógica de sentimientos.

Las características de la musicalidad sugieren que la armonización y la entonación afectiva son actividades espontáneas y con cierto patrón de imitación. Sin embargo, Volgsten (2012) afirma que la sintonización no es un caso de imitación o reflejo estricto del bebé, debido a la atención del bebé hacia cualidades externas del agente intersubjetivo. En un análisis más profundo de la sintonización afectiva, Stern (1985, 1995) afirma que los desempeños de estas actividades son variados, y siempre expresan los sentimientos que afectan el estado interno del agente. En palabras de Volgsten (2012), la sintonización afectiva es más como una variación recíproca de un tema compartido mutuamente. Existe una conciencia creciente de que el otro está sintiendo algo muy similar a lo propio, y que, además, la sintonización es continuada o interrumpida por la misma razón afectiva tanto del agente como del bebé.

Volgsten (2012) afirma que la sintonía afectiva permite tener la sensación del ser subjetivo e intersubjetivo. A medida que este sentido de un yo subjetivo y otro subjetivo se desarrolla, se amplía la intersubjetividad, la musicalidad y la comprensión de los sentimientos y la comunicación. Ammantini & Ferrari (2013) y Stern (1985, 1995) afirman que la sintonía afectiva se dibuja como un contorno de energía recíproca y vitalidad.

La musicalidad comunicativa y la performance

Volgsten (2012) La música es una forma de «hacer especial» el desarrollo humano y el sentido del yo. Acerca de esta expresión, Ammantini & Ferrari (2013) y Stern (2010) afirman que los conceptos de vitalidad humana se entienden como los acontecimientos interpersonales que son implícitos en el conocimiento comunicado. Involucra categorías de afectos y sentimientos y una corporeización que expresa niveles de vitalidad de dichos sentimientos (Español, 2014). Por ejemplo, los procesos vitales del cuerpo, como respirar, dormir y el aumento y disminución de las emociones, representan un impacto real en el organismo. En esta dinámica se presenta a lo largo del desarrollo, como el contorno de la activación emocional, definido como aquellos cambios de vitalidad dentro de nosotros mismos.

La musicalidad comunicativa en el juego

Bordoni y Español (2011) afirman que la génesis y la evolución del juego en la infancia es uno de los grandes tópicos de la Psicología del desarrollo. La comunicación y ficción del niño en el juego en prototipos de comunicación y regulación intersubjetiva han ampliado un campo fértil en la musicalidad de los niños.

Específicamente, Bordoni y Español (2011) afirman que la imitación infantil en contextos intersubjetivos del juego es imitativo desde las interacciones tempranas (Español, 2014). Bordoni y Español (citado en Merker, 2002) indican que existe tres tipos de regulación temporal interactiva: (i) basada en el tiempo de reacción; (ii) basada en la familiaridad; y (iii) basada en la pulsación subyacente. Ésta última es definida como una cualidad esencialmente musical, y consiste en una regulación temporal de acciones y actividades dentro del juego musical. Acerca de la imitación vocal, Bordoni y Español (2011) estudiaron la estructura de la interacción imitativa secuencias de imitación mutua. Las secuencias de imitación, en los estudios de Psicología del desarrollo son definidas como el período de interacción que se inicia con el comienzo de la ejecución de modelos de comportamiento.

El movimiento es una manifestación de la musicalidad del juego. Bordoni y Español (2011) afirman que la kinética del niño puede ser continua, intermitente, generalmente semejantes a la temporalidad de la música, aunque no idénticas. Además, la musicalidad y el movimiento es manifestada en turnos, aspecto de la sintonización afectiva descrita anteriormente (infancia temprana). Los turnos construyen una marcada estructura comunicativa del juego musical. La segmentación de las secuencias de imitación dentro del juego musical requiere de otros criterios que no se restrinjan a la duración de la pausa, puesto que frecuentemente éstas son más breves o simplemente no ocurren (Bordoni y Español, 2011, p. 5).

La musicalidad afectiva utilizada en la entonación de la voz hacia los bebés

Volgsten (2012) afirma que la musicalidad inicia con la voz de la madre. La entonación y el sentimiento asociado a esa entonación permiten que, dentro de los primeros tres días de vida, un bebé recién nacido puede distinguir la voz de su madre de otras voces femeninas. Además, un recién nacido no percibe el mundo bajo conceptos o representaciones, sino que experimenta cambios de percepciones abstractas tal como ritmo, tempo, duración. Stern (1985, 1995) afirma que se trata de experiencias sensoriales amodales, que funcionan como un sentido común. Gradualmente, el bebé podrá comparar las altas y bajas de estas estimulaciones sensoriales. En este proceso interactivo, el bebé responderá a vocalizaciones de contornos vitales no verbales, basados en la afectividad.

Con el paso de las semanas, el patrón dialógico entre los padres y el bebé va a ser rítmicamente intersubjetivo, con balbuceos de llamada y de respuesta, como prototipos de comunicación (Español, 2014). Steirn (1985) y Volgsten (2012) afirma que para que este diálogo sea musical debe existir una sintonización afectiva en ambas partes. Indica que se siente en la voz la carga emocional existente, el contorno de vitalidad y se puede intuir o anticipar cuando termina este diálogo.

Ammantini & Ferrari (2013) afirman que, en la Psicología del desarrollo e investigación infantil, Stern (1985) han apoyado la idea de que, durante el desarrollo temprano, el bebé está dotado de una capacidad innata de compromisos sujeto-sujeto, en un juego de comunicación bidireccional. Volgsten (2012) afirma que, dos meses después del nacimiento, los bebés reaccionan de manera diferente a diferentes tipos de patrones de discurso prosódico, por ejemplo, las melodías del habla que caen calman, las melodías en aumento de intensidad que atraen la atención, las melodías en forma de campana. También se identificó que las melodías sin musicalidad o demasiado planas no sostienen la atención del bebé y lo desalientan prontamente. 

Ammantini & Ferrari (2013) afirma que, alrededor de los 9 meses de edad, las madres responden con comportamientos cargados de afecto hacia su bebé, como evidencia de un desarrollo comunicativo más rico y más complejo que la reciprocidad circular anterior. Las madres expresan sentimientos más variados, manteniendo la curva de vitalidad que inicia, desarrolla y termina respetando ese equilibrio afectivo presentado desde el inicio de la sintonización afectiva.

Esta interacción es vinculante. Ammantini & Ferrari (2013) afirman que los bebés aprenden estas armonías afectivas y su significado basado en un sistema de percepción amodal en el que llegar a entender la emoción y el afecto en la voz del agente. Las cualidades amodales de intensidad y el tiempo se relacionan con la sintonización del afecto y la vitalidad afectiva. En este punto, es claro que las conductas vitales de la madre y el bebé son explicadas desde el cómo entona, canta o interpreta una comunicación musical. Todas las conductas incorporan la vitalidad afectiva y por lo tanto proporciona evidencia de cómo los estados internos subjetivos del agente se relacionan con cambios persistentes dentro de la sintonía afectiva.

Referencias:
  • Ammantini, M., Ferrari, P. (2013). Vitality affects in Daniel Stern´s thinking. A psychological and neurobiological perspective.Infant mental health journal 34 (5), 367–375. doi: 10.1002/imhj.21405
  • Bordoni, M., Español, S. (2011). Moviéndonos juntos: el movimiento en el juego musical imitativo.
  • Español, S. (2010). El desarrollo como estrategia adaptativa: Características exclusivas de. la infancia humana. Revista de Psicología, 11, p. 47-58.
  • Español, S. (2014). Psicología de la música y del desarrollo. Una exploración interdisciplinaria sobre la musicalidad humana. Buenos Aires: Paidós.
  • Klempe, S. (2009). How to Understand Communicative Musicality? Integr Psych Behav 43, 260–266 doi: 10.1007/s12124-009-9096-9
  • Stern, D. (1985, 1995). El mundo interpersonal del infante. 1era edición. 4ta reimpresión. Buenos Aires, Paidós.
  • Stern, D. (2010). Form of Vitality.
  • Volgsten, U. (2012). The roots of music: Emotional expression, dialogue and affect attunement in the psychogenesis of music. Musicae Scientiae ,16, (2) 200 –216. doi: 10.1177/1029864912440778
Daniela González Costa
Daniela González Costa
Chilena, profesora de artes musicales, actualmente estoy finalizando mis estudios de Psicología Cognitiva y Aprendizaje (2017-2019) en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Buenos Aires.
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