¿Por qué la depresión no es una emoción?

En nuestra sociedad es bastante habitual que la gente mencione el estar deprimido para referirse a que está triste o de mal humor. Sin embargo, y a pesar de que es una expresión muy utilizada en este sentido, es muy peligroso confundir ambos conceptos que, como veremos, no son para nada lo mismo; mientras que la tristeza es una situación emocional cambiante, la depresión es un trastorno mucho más incapacitante.

La tristeza puede estar desencadenada por una gran diversidad de factores: la muerte de alguien querido, que nos despidan del trabajo, una ruptura amorosa… es totalmente humano sentir tristeza ante estas situaciones, por lo que, a priori, no debemos preocuparnos.

Esta tristeza acabará pasando y tarde o temprano regresaremos a nuestro estado normal. Es precisamente la incapacidad de superar esta tristeza y su dilatación excesiva en el tiempo lo que podría indicar un principio de depresión.

La cosa se complica en nuestro mundo actual, donde las emociones de carácter “negativo” son ocultadas y se convierten en un tabú. Somos incapaces de aceptar nuestros estados emocionales bajos, creemos que llorar nos hace débiles y nuestra tolerancia a la frustración decae con rapidez. En definitiva, somos una población con una gran incapacidad para poner nombre a las emociones y gestionarlas. Y eso es un enorme problema.

En el siguiente artículo nos centraremos en por qué no podemos considerar la depresión y emociones como la tristeza como una misma cosa. Se trata de una diferenciación importante para poder identificar a tiempo el trastorno depresivo y no confundirlo, algo crucial para su tratamiento y curación.

¿En qué consiste la tristeza?

La tristeza es una emoción; como cualquier otra, es útil para momentos concretos de nuestra vida. En el caso de la tristeza, nos ayuda a superar cambios, pérdidas o fracasos, puesto que activa los procesos psicológicos adecuados para este objetivo: permite poner distancia con aquello que nos es doloroso y potencia la cicatrización de este dolor.

Por otro lado, la tristeza estimula la empatía hacia otras personas que sienten dolor, y ello genera una red de apoyo que es muy útil para nuestra supervivencia emocional.

Así pues, a pesar de que no es agradable, la tristeza es una emoción del todo útil en nuestra existencia. Por ello forma parte, junto la ira, el miedo, la alegría, la sorpresa y el asco, del abanico de emociones primarias humanas.

Cuando la tristeza nos invade tendemos a aislarnos, algo indispensable para poder interiorizar correctamente la experiencia vivida e iniciar el proceso de sanación. Se producen a continuación una serie de pensamientos acerca del trauma vivido que tienen como meta encajarlo en nuestro marco vital. El siguiente paso es la reorganización de nuestro comportamiento, que permite adaptarnos a esta realidad nueva.

Por tanto, sentir tristeza no quiere decir que seamos débiles, sino que somos perfectamente funcionales. Hay que permitirse el estar triste cuando toca; solo así podremos gestionar correctamente la emoción y readaptarnos.

¿Y en qué consiste la depresión?

La tristeza es algo natural que, además, es absolutamente funcional. Pero ¿qué sucede cuando se alarga en el tiempo? En este caso, puede sobrevenir la depresión, por lo que vemos claramente que esta no es, como a menudo se cree, una emoción, sino que es algo que va más allá.

La depresión es un trastorno; quienes la sufren la describen como un estado de tristeza o enfado que les incapacita hasta el punto de privarlos de una vida cotidiana normal. Algunos de los síntomas que suelen acompañarla (y que no presenta la emoción funcional de la tristeza) son los siguientes:

  • Variaciones en el estado de ánimo (inquietud, agresividad, ansiedad…).
  • Sentimientos de desesperanza y vacuidad.
  • Apatía y pérdida de atracción e interés por cosas que antes gustaban a la persona.
  • Agotamiento recurrente y persistente.
  • Actitudes adictivas (consumo de drogas, de alcohol, juego…).
  • Pensamientos suicidas.
  • Descenso de la libido y del deseo sexual.
  • Problemas de sueño (insomnio, hipersomnia).
  • Problemas de concentración.
  • Dolores de cabeza y problemas en la digestión.

Por supuesto, estos síntomas pueden surgir en algún momento de nuestra vida; la clave para empezar a plantearnos la existencia de una depresión es su dilatación en el tiempo (más de 15 días, en concreto).

¿Por qué no podemos considerar la depresión como una emoción?

Es normal que las personas no especializadas confundan tristeza con depresión, puesto que la línea que las separa no es muy gruesa. Para valorarlo, hay que tener en cuenta los síntomas antes descritos, pero, sobre todo, es muy importante acudir a un profesional para que se obtenga un diagnóstico correcto.

El proceso de duelo en el que está implicada la tristeza no es igual para todas las personas, por lo que esta emoción puede prevalecer más o menos dependiendo de muchos factores.

Aun así, si la persona ha cambiado prácticamente su modo de vida tras una pérdida o un cambio y su tristeza y apatía influyen en su vida cotidiana, es hora de buscar ayuda profesional. Por ejemplo, en el contexto de la psicoterapia. En este sentido, si necesitas apoyo psicoterapéutico, ponte en contacto con nosotros.

Una de las características más importantes de la depresión es el sobreesfuerzo que la persona debe hacer para vivir cada día. Por otro lado, la tristeza es tan sólo uno de los elementos que entran en juego en la depresión; por ella misma no es un elemento incapacitante. Si crees que tú o alguien cercano puede estar pasando por un trastorno depresivo, es importante que acudáis a un terapeuta para que os den el tratamiento necesario para superarlo.

Es fundamental reconocer que la depresión y la tristeza no son lo mismo. La tristeza es una emoción natural y pasajera, mientras que la depresión es un trastorno grave que requiere atención profesional. No subestimes la importancia de identificar y tratar adecuadamente la depresión. Si tú o alguien que conoces está luchando con síntomas depresivos, no dudes en buscar ayuda profesional. Un psicólogo puede ofrecer el apoyo y tratamiento necesarios para superar este trastorno y recuperar una vida plena. No estás solo; hay recursos y personas dispuestas a ayudarte. ¡Dar el primer paso puede cambiarlo todo!

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5ª Edición). American Psychiatric Pub.
  • Cepoiu, M., McCusker, J., Cole, M. G., Sewitch, M., Belzile, E., & Ciampi, A. (2007). Recognition of Depression by Non-psychiatric Physicians—A Systematic Literature Review and Meta-analysis. Journal of General Internal Medicine, 23(1), 25–36. DOI: 10.1007/s11606-007-0428-5
  • Khan, A., Faucett, J., Lichtenberg, P., Kirsch, I., & Brown, W. A. (2012). A Systematic Review of Comparative Efficacy of Treatments and Controls for Depression. PloS One, 7(7), e41778–e41778. DOI: 10.1371/journal.pone.0041778
Laura Palomares Pérez

Con más de 25 años de experiencia, Laura Palomares Pérez, Psicóloga y Sexóloga colegiada con número M-15270, lidera Avance Psicólogos. Obtuvo su Licenciatura en Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid y se ha especializado en sexología a través del Máster en Sexología, así como ha obtenido el título de Formadora en Sexología en el Instituto de Ciencias Sexológicas (InCiSex).

Laura es especialista en Terapia Gestalt por la Fundación Laureano Cuesta, experta en Terapia de Pareja por el Centro Psicológico Doctor De Francisco y cuenta con amplia formación en Apego y Trauma. Además, está certificada como Terapeuta EMDR por la Asociación EMDR de España, Terapeuta en Técnicas de Integración Cerebral por el Centro de Terapias Avanzadas y Terapeuta en Hipnosis Body Defusion por el centro Biosense Terapia.

Adicionalmente, Laura comparte su conocimiento como divulgadora en diversos medios especializados.

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