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Una de las etapas más importantes para un niño y también de las más exigentes desde el punto de vista de la psicología externa, que puede afectar tanto a los padres como a profesionales que se encarguen de supervisar a un menor, es la relativa al inicio de relaciones sociales a muy temprana edad.

No por nada el estudio de Doble Título de Máster en psicología enfocado principalmente a entender y mejorar la educación infantil, sigue ofreciendo nuevas formas de comprender y ayudar a los pequeños en este sentido.

Sin embargo, es posible conocer algunas pautas comunes en la psicología de todos los niños que les puede ayudar a relacionarse con los demás de forma saludable.

Durante el primer año de vida

Al inicio de su vida la relación con sus padres lo es todo para el pequeño. No tiene consciencia de que existan otros seres como él, por esa razón ante su presencia no son más que un objeto o juguete nuevo con el que interactuar.

Pese a ello, es recomendable que compartan un espacio o que se le hable de la existencia de otros bebés, ya sea en la realidad o en cuentos, películas y entornos imaginados.

De 2 a 3 años

A partir de los 2 años el pequeño sí tiene constancia de otros niños como él, sin embargo en su psicología lo más importante para jugar y relacionarse siguen siendo sus juguetes. Esto motiva una actitud egocéntrica completamente normal.

Es corriente en esta etapa que no quiera compartir sus juguetes favoritos, pero se le puede fomentar el juego cooperativo con pelotas o cualquier objeto que requiera a dos para disfrutar completamente de él.

En esta época pueden aparecer conductas de imitación o incluso algunas muestras de cariño. Son fugaces instantes en el que el pequeño sencillamente reconoce a los otros niños como él, lo que les crea una vinculación especial.

A partir de los 3 años

Los 3 años es una edad compleja en el sentido de las relaciones sociales. Es cuando más frecuentemente se inventan amigos invisibles pero no deja de ser una actitud completamente corriente, pues es una forma de exteriorizar su necesidad de relacionarse con los demás.

Si el pequeño consigue desarrollar esta habilidad social, probablemente buscará a otros niños como él y les propondrá jugar juntos. Es aquí cuando los padres o tutores pueden motivar una relación más saludable, enseñándole cómo puede pedir permiso para unirse a un juego y cómo iniciar la socialización.

En estos momentos es cuando se comienza a formar la personalidad del niño en relación a los demás. Si será tímido o extrovertido, si se dejará llevar o preferirá ser él o ella quien indique cómo debe desarrollarse el juego en grupo, etc. Serán simples retazos de una personalidad social que se irá formando durante los siguientes años de vida.

A partir de los 4 años

Con los 4 años de edad la mayoría de los niños cuentan con la ventaja de poder utilizar un vocabulario más complejo y fluido. También se forjará la figura del Yo y sabrá distinguir entre jugar sólo y con más gente, hasta el punto de que podrá sacrificar en cierta medida sus intereses personales por compartir tiempo con los demás.

Estos sentimientos son la base para entender conceptos como dejar pasar a otros, hacer favores a terceros e, inevitablemente, también ocasionará sus primeras peleas con sus amigos, que serán tan fugaces como aparecieron. En estos casos se les debe intentar enseñar la comprensión y el perdón para motivar una mayor sociabilidad saludable.

 

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