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title: "Ayuda profesional para adicciones: intervención clínica y prevención de recaídas"
description: "Cómo la psicología clínica y la neurociencia mejoran la recuperación de dependencias complejas y previenen recaídas tempranas."
url: https://www.actualidadenpsicologia.com/ayuda-profesional-para-adicciones/
date: 2026-04-24
modified: 2026-04-24
author: "Mario Arrimada Fernández"
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categories: ["Artículos de colaboradores"]
tags: ["Adicción", "Psicoterapia", "Salud mental"]
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# Ayuda profesional para adicciones: intervención clínica y prevención de recaídas

## Un problema frecuente, diverso y tratable

Las adicciones continúan rodeadas de mitos y simplificaciones. Con frecuencia se interpretan como falta de voluntad o malas decisiones mantenidas en el tiempo. Sin embargo, desde la psicología clínica sabemos que se trata de trastornos complejos en los que interactúan factores biológicos, psicológicos y sociales, y que requieren una intervención especializada para mejorar de forma estable (Kuhar, 2016; Redolar Ripoll, 2008).

Además, no constituyen un fenómeno marginal. Los datos más recientes muestran una elevada prevalencia del consumo de alcohol, el aumento de determinadas drogas ilegales, la presencia de hipnosedantes sin receta médica y el crecimiento de algunas conductas adictivas comportamentales, especialmente entre población joven (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, 2025).

Particularmente preocupante es el consumo intensivo de alcohol o binge drinking en adolescentes y adultos jóvenes, así como el inicio temprano en el consumo de sustancias. Ambas variables se asocian a mayor riesgo de desarrollar problemas adictivos debido a la vulnerabilidad del cerebro en desarrollo y al impacto del aprendizaje temprano de patrones de consumo desadaptativos (García del Castillo & López-Sánchez, 2012; Pedrero Pérez et al., 2011).

### 1. Tipos de adicciones

Desde una perspectiva clínica, suele diferenciarse entre adicciones con sustancia y adicciones sin sustancia o comportamentales.

Entre las primeras se encuentran el alcohol, tabaco, cannabis, cocaína, heroína, opioides, anfetaminas y el uso problemático de fármacos como benzodiacepinas e hipnosedantes. Algunas de estas sustancias mantienen especial relevancia por su elevado potencial adictivo y por las complicaciones físicas, psicológicas y sociales asociadas (Becoña et al., 2001).

En cuanto a las adicciones sin sustancia, el ejemplo más reconocido clínicamente es el trastorno por juego de apuestas. También pueden aparecer problemas vinculados al uso compulsivo de internet, redes sociales, videojuegos o teléfono móvil, especialmente cuando existe pérdida de control e interferencia significativa en la vida cotidiana (Cascardo & Veiga, 2015; Fernández del Olmo, 2026). Asimismo, otras conductas como las compras compulsivas, la conducta sexual compulsiva o el consumo problemático de pornografía pueden adquirir un patrón adictivo cuando persisten pese al malestar y a las consecuencias negativas (Villena, 2023).

### 2. El caso del tabaco

Mención específica merece el tabaco, una de las adicciones más normalizadas socialmente y, al mismo tiempo, una de las que mayor impacto tiene sobre la salud pública. Su consumo se asocia a múltiples enfermedades prevenibles y a una importante carga de morbimortalidad evitable (Amigo & González-Roz, 2023; Arrimada Fernández, 2023).

En el tratamiento de otras adicciones, el abordaje del tabaquismo no siempre se realiza en la fase inicial. Cuando existe dependencia grave a alcohol u otras sustancias, la prioridad clínica puede centrarse primero en estabilizar el problema principal debido a la intensidad de la abstinencia y a la elevada carga emocional inicial. Por ello, en algunos casos el tratamiento del tabaco se pospone hasta que la persona se encuentra más estabilizada y preparada.

No obstante, cuando existen razones médicas relevantes, sí suele hacerse especial hincapié en abordar también el tabaquismo desde etapas tempranas, valorando siempre cada situación clínica de forma individual.

### 3. Pedir ayuda en centros especializados

En conjunto, las adicciones representan un problema prioritario de salud pública, pero también una realidad tratable. Pedir ayuda temprana en centros especializados en adicciones puede marcar una diferencia decisiva.

Estos recursos cuentan con profesionales formados específicamente en desintoxicación, deshabituación, prevención de recaídas, terapia individual, terapia de grupo y tratamiento de problemas asociados. Además, permiten diseñar intervenciones ajustadas a cada caso y ofrecer seguimiento continuado.

Con evaluación adecuada, apoyo profesional y tratamiento sostenido en el tiempo, la recuperación es posible.

## Por qué seguir las pautas profesionales marca una diferencia decisiva en la prevención de recaídas

La prevención de recaídas es uno de los pilares centrales del tratamiento de las adicciones. Desde una perspectiva clínica, la recaída no suele entenderse como un hecho aislado que aparece de repente, sino como el resultado de un proceso progresivo en el que se acumulan factores de riesgo hasta que la persona pierde capacidad de control en un momento de vulnerabilidad (Marlatt & Gordon, 1985).

Antes de muchas recaídas suelen aparecer situaciones de alto riesgo: malestar emocional intenso, conflictos interpersonales, presión social, soledad, aburrimiento, frustración, exceso de confianza o exposición a contextos previamente asociados al consumo.

### 1. Decisiones aparentemente irrelevantes de riesgo

Uno de los conceptos más relevantes del modelo de Marlatt y Gordon es el de decisiones aparentemente irrelevantes de riesgo (DDR). Son pequeñas elecciones cotidianas que parecen inocuas, pero que acercan progresivamente al consumo.

- Entre las más frecuentes se encuentran:

- Retomar contacto con personas vinculadas al consumo.

- Volver a antiguos ambientes de riesgo.

- Guardar sustancias o alcohol “por si acaso”.

- Dejar de acudir a terapia sin acuerdo profesional.

- Abandonar la terapia de grupo demasiado pronto.

- Ocultar pensamientos de consumo.

- Minimizar señales de alarma.

- Descuidar sueño, alimentación o rutinas básicas.

- Aislarse y dejar de pedir ayuda.

- Exponerse demasiado pronto a situaciones complejas.

Cada una de estas decisiones puede parecer pequeña. Acumuladas, aumentan notablemente la probabilidad de recaída.

### 2. Seguir el tratamiento reduce el riesgo

Uno de los factores más protectores es seguir las pautas del equipo profesional. Mantener el vínculo terapéutico, escuchar recomendaciones clínicas, aceptar límites temporales y dejarse orientar por profesionales especializados reduce significativamente el riesgo de recaída.

No se trata de obediencia pasiva, sino de apoyarse en personas con experiencia clínica en un momento en el que el juicio puede verse afectado por impulsividad, autoengaño o deseo inmediato.

También es importante no abandonar el tratamiento antes de tiempo. Muchas personas mejoran inicialmente y concluyen que ya no necesitan apoyo. Sin embargo, la mejoría temprana no siempre equivale a cambio consolidado. Mantener seguimiento durante un tiempo suficiente aumenta la estabilidad de los logros alcanzados (Monar Bermúdez et al., 2024).

### 3. La importancia de la terapia de grupo

La terapia de grupo cumple una función especialmente valiosa. Permite verbalizar pensamientos de consumo antes de actuar, contrastar autoengaños, recibir apoyo de iguales y recordar consecuencias que la mente tiende a minimizar con el tiempo.

Ser honesto en el grupo, reconocer dudas, hablar de fantasías de consumo o admitir momentos de fragilidad suele proteger más que aparentar fortaleza. Muchas recaídas se gestan en silencio.

### 4. Honestidad y cambios progresivos

Del mismo modo, la honestidad con los profesionales resulta esencial. Informar de deseos de consumo, contactos de riesgo, incumplimientos o malestar emocional permite intervenir precozmente.

Otro principio básico es hacer los cambios de forma paulatina, estructurada y pautada. En fases tempranas suele ser recomendable evitar ciertos estímulos de riesgo: ambientes de consumo, antiguas compañías o situaciones emocionalmente desbordantes. No se trata de evitar para siempre, sino de proteger una etapa vulnerable mientras se fortalecen recursos internos.

Posteriormente, algunas exposiciones pueden trabajarse de forma gradual y planificada, siempre valorando momento clínico, estabilidad emocional y apoyo disponible.

### 5. Recuperarse paso a paso

En definitiva, cuanto más se mantiene la vinculación terapéutica, mayor honestidad existe con el grupo de terapia y profesionales, mejor se siguen las pautas clínicas y más progresivo se realiza el proceso, más difícil resulta recaer.

La prevención de recaídas no depende de la fuerza de voluntad aislada, sino de estructura, apoyo, aprendizaje y decisiones sostenidas en la dirección adecuada (Beck et al., 1999; Marlatt & Gordon, 1985).

## El cambio no ocurre de golpe: ocurre por etapas

Uno de los modelos más útiles para comprender la recuperación en el ámbito de las adicciones es el Modelo Transteórico del Cambio, desarrollado por Prochaska y DiClemente. Este enfoque parte de una idea fundamental: cambiar una conducta adictiva rara vez sucede de forma lineal, inmediata o definitiva. Lo más habitual es que la persona avance mediante distintas fases, con progresos, dudas, retrocesos y nuevos intentos hasta consolidar cambios estables (Prochaska & DiClemente, 1983).

Este modelo describe varias etapas principales: precontemplación, cuando la persona no reconoce claramente el problema o no considera necesario cambiar; contemplación, cuando empieza a percibir consecuencias negativas, pero mantiene ambivalencia; preparación, cuando surge una decisión más firme y se comienzan a dar pasos concretos; acción, cuando se modifica activamente la conducta; y mantenimiento, cuando los cambios se sostienen en el tiempo y se trabaja la prevención de recaídas (Prochaska & DiClemente, 1983).

Comprender estas fases resulta especialmente relevante porque no todas las personas necesitan lo mismo en cada momento. Por ejemplo, en fases iniciales puede ser más útil trabajar conciencia de problema y motivación que exigir abstinencia inmediata. En etapas posteriores cobra mayor importancia diseñar un plan realista, entrenar habilidades de afrontamiento o consolidar nuevos hábitos.

En este contexto, la entrevista motivacional ha mostrado gran utilidad clínica, especialmente cuando existe ambivalencia. Este enfoque, desarrollado por Miller y Rollnick, busca aumentar la motivación para el cambio desde una relación terapéutica colaborativa, sin confrontación rígida ni culpabilización (Miller & Rollnick, 2013).

Entender el cambio como un proceso por etapas ayuda también a reducir el estigma. Muchas dificultades no reflejan falta de interés o “escasa voluntad”, sino el momento psicológico en el que se encuentra la persona. Desde esta perspectiva, los retrocesos pueden convertirse en información clínica útil para reajustar el tratamiento, en lugar de interpretarse como fracaso definitivo.

Además, este modelo permite ajustar objetivos terapéuticos realistas, mejorar adherencia al tratamiento y aumentar la eficacia de la intervención. En adicciones, cambiar no suele consistir en una sola decisión, sino en una sucesión de decisiones mantenidas en el tiempo.

## Cómo suele ser el tratamiento

El tratamiento de las adicciones no suele ser un acto puntual, sino un proceso progresivo y estructurado que requiere tiempo, seguimiento continuado y compromiso terapéutico. En la mayoría de los casos, los cambios profundos y estables no se consolidan de forma inmediata, sino mediante un trabajo sostenido en el tiempo sobre hábitos, emociones, relaciones y estilo de vida.

Por ello, resulta especialmente importante seguir las indicaciones de los profesionales, mantener la vinculación con el tratamiento y respetar los tiempos del proceso, incluso cuando aparecen dudas, desmotivación o sensación prematura de mejoría. Abandonar precozmente la intervención o intentar acelerar etapas necesarias suele aumentar el riesgo de recaída.

Recibir un tratamiento prolongado permite consolidar avances, detectar señales tempranas de riesgo, ajustar objetivos terapéuticos y acompañar las distintas fases de la recuperación. En este sentido, la continuidad asistencial no es un elemento secundario, sino uno de los factores que más favorecen la estabilidad del cambio y el mantenimiento de los logros alcanzados (Monar Bermúdez et al., 2024). (Monar Bermúdez et al., 2024).

### 1. Desintoxicación y estabilización inicial

En algunos casos, especialmente cuando existe dependencia importante o consumo prolongado, puede ser necesaria una fase inicial centrada en la desintoxicación y estabilización física. El objetivo es manejar síntomas de abstinencia, reducir riesgos médicos y crear condiciones mínimas para iniciar el trabajo psicológico posterior.

No todas las personas requieren ingreso o supervisión intensiva, pero en determinados casos puede resultar clínicamente recomendable, especialmente con alcohol, benzodiacepinas, opioides u otros consumos graves.

## 2. Deshabituación: el núcleo del cambio conductual

Tras la estabilización inicial, cobra especial relevancia la deshabituación, que suele constituir una de las fases centrales del tratamiento psicológico. Aquí se trabaja sobre los hábitos aprendidos que mantenían la adicción y sobre los factores que aumentan el riesgo de consumo.

- Esto incluye:

- Identificación de desencadenantes internos y externos.

- Control de estímulos de riesgo.

- Manejo del craving

- Regulación emocional.

- Reestructuración de pensamientos permisivos.

- Entrenamiento en habilidades de afrontamiento.

- Organización de rutinas saludables.

En el tratamiento de las adicciones, el análisis funcional de la conducta resulta especialmente útil para comprender por qué el consumo se repetía y qué variables lo mantenían en el presente. Desde este enfoque no se analiza solo la sustancia o la conducta adictiva en sí misma, sino el contexto en el que aparece, los factores que la desencadenan y las consecuencias que hacen más probable que vuelva a ocurrir (Froxán, 2020).

En primer lugar, se estudian los antecedentes, es decir, aquello que sucede antes del consumo: estados emocionales como ansiedad, tristeza, aburrimiento o irritabilidad; pensamientos automáticos (“me lo merezco”, “solo por hoy”, “necesito desconectar”); conflictos interpersonales; estrés laboral; soledad; disponibilidad de dinero; determinados lugares o contacto con personas asociadas al consumo.

En segundo lugar, se analiza la conducta concreta: qué se consume o realiza, con qué frecuencia, intensidad, duración, en qué momentos del día y bajo qué circunstancias.

Por último, se examinan las consecuencias inmediatas y posteriores. Muchas conductas adictivas se mantienen porque generan efectos rápidos, aunque temporales, como alivio emocional, placer, desconexión, reducción de ansiedad, sensación de pertenencia social o evitación de problemas. Aunque a largo plazo produzcan deterioro, estas consecuencias inmediatas refuerzan la repetición.

Comprender esta secuencia permite intervenir de forma mucho más precisa: modificar desencadenantes, anticipar situaciones de riesgo, cuestionar pensamientos asociados al consumo, entrenar habilidades de afrontamiento y generar alternativas saludables que cumplan funciones similares sin las consecuencias dañinas. En definitiva, no se trata solo de preguntar “qué consume la persona”, sino por qué, cuándo, para qué y qué obtiene al hacerlo.

### 3. Rehabilitación personal

A medida que la persona avanza, muchas veces se hace necesaria una fase de rehabilitación, centrada en reconstruir áreas vitales deterioradas por la adicción. No se trata solo de no consumir, sino de empezar a vivir de otra manera.

En esta etapa puede trabajarse:

- autoestima

- autonomía personal

- habilidades sociales

- gestión emocional

- responsabilidad cotidiana

- relaciones familiares

- sentido vital y objetivos futuros

La recuperación sólida suele requerir algo más que abstinencia: necesita una vida alternativa al consumo.

### 4. Reinserción y mantenimiento

Finalmente, la reinserción busca consolidar un funcionamiento estable en áreas como trabajo, estudios, relaciones, autocuidado y participación social. La persona deja progresivamente de definirse por la adicción y fortalece una identidad más amplia y saludable.

En esta etapa sigue siendo esencial la prevención de recaídas, ya que el riesgo no desaparece por completo. Mantener seguimiento terapéutico, sostener hábitos protectores y pedir ayuda temprana ante señales de alarma mejora el pronóstico a largo plazo (Marlatt & Gordon, 1985).

### 5. La importancia del tratamiento continuado

En muchos casos, el tratamiento combina distintos recursos: terapia individual, terapia de grupo, intervención psiquiátrica cuando procede, apoyo familiar y trabajo social. La coordinación entre profesionales incrementa las probabilidades de recuperación mantenida, especialmente en situaciones complejas como la patología dual (Confederación Salud Mental España, 2020; Martínez González & Trujillo Mendoza, 2014).

En definitiva, recuperarse de una adicción no suele consistir en “dejar de consumir y ya está”. Supone recorrer un proceso terapéutico gradual en el que se estabiliza la salud, se modifican hábitos, se reconstruyen áreas dañadas y se aprende a sostener una vida más libre y funcional.

## La terapia de grupo: uno de los pilares más valiosos

Uno de los recursos terapéuticos con mayor valor en el tratamiento de las adicciones suele ser la terapia de grupo. Aunque cada proceso necesita una valoración individualizada, la experiencia clínica y distintos modelos de intervención coinciden en señalar que el trabajo grupal puede desempeñar un papel decisivo en la recuperación sostenida (Monar Bermúdez et al., 2024).

Muchas personas llegan a tratamiento con sentimientos intensos de vergüenza, culpa, aislamiento o sensación de haber fracasado repetidamente. A menudo creen que nadie comprenderá lo que les ocurre o que “su caso es diferente”. El grupo rompe esa percepción. Escuchar experiencias similares reduce estigma, normaliza dificultades frecuentes del proceso y permite comprobar que no se está solo.

- Además, el grupo favorece mecanismos terapéuticos especialmente relevantes:

- Identificación con otras personas que atraviesan problemas parecidos.

- Aprendizaje vicario, observando cómo otros afrontan craving, conflictos o recaídas.

- Responsabilidad compartida, al sostener compromisos delante del grupo.

- Feedback honesto, recibiendo perspectivas que la persona quizá no veía.

- Motivación para el cambio, al observar mejoras reales en otros miembros.

- Esperanza realista, entendiendo que la recuperación exige esfuerzo, pero es posible.

Escuchar avances ajenos, conocer estrategias útiles y observar procesos de cambio mantenidos puede incrementar notablemente la autoeficacia percibida, variable muy importante en la prevención de recaídas (Marlatt & Gordon, 1985).

La terapia de grupo también ofrece algo especialmente valioso: apoyo continuado en momentos de riesgo. Muchas recaídas se gestan en silencio, cuando la persona se aísla, minimiza señales de alarma o deja de pedir ayuda. Poder verbalizar pensamientos de consumo, emociones difíciles o decisiones de riesgo antes de actuar suele ser altamente protector.

Asimismo, el grupo ayuda a trabajar habilidades interpersonales, tolerancia a la frustración, expresión emocional, escucha, límites y responsabilidad personal, aspectos frecuentemente alterados tras años de consumo o conductas adictivas.

En numerosos casos, dejar de luchar en soledad y empezar a recuperarse acompañado marca una diferencia decisiva. La continuidad en terapia grupal durante un tiempo suficiente suele asociarse a mejores resultados y mayor estabilidad del cambio (Monar Bermúdez et al., 2024).

## **Recaídas: no se deben ver como un fracaso, pero sí son un riesgo prevenible**

Las adicciones presentan con frecuencia tendencia a la recaída, pero esto no significa que recaer sea inevitable ni que todo el proceso previo carezca de valor. Desde una perspectiva clínica, la recaída suele entenderse como un riesgo prevenible y, cuando ocurre, como una señal de que ciertos factores necesitan ser revisados.

El modelo de Marlatt y Gordon mostró que muchas recaídas no aparecen de forma repentina, sino tras una cadena progresiva de señales de riesgo: exceso de confianza, aislamiento, abandono de rutinas saludables, contacto con antiguos contextos de consumo, ocultación de pensamientos de consumo, estrés acumulado o malestar emocional no atendido (Marlatt & Gordon, 1985).

También son relevantes las llamadas decisiones aparentemente irrelevantes de riesgo: pequeñas elecciones que parecen inocuas, pero acercan gradualmente al consumo, como volver a ciertos ambientes, retomar determinadas compañías o dejar de asistir a terapia.

Por ello, una parte esencial del tratamiento consiste en aprender a detectar señales tempranas y pedir ayuda antes de que el problema avance. Mantener honestidad con el grupo y con los profesionales, seguir pautas clínicas y reaccionar pronto ante cambios de ánimo o conductas de riesgo reduce significativamente la probabilidad de recaída.

Cuando se produce un desliz puntual, no invalida necesariamente todo el proceso. Si se aborda con rapidez y sin dramatización, puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje clínico sobre vulnerabilidades aún no resueltas (Beck et al., 1999).

## Patología dual: cuando también existe otro problema de salud mental

En algunas personas, la adicción convive con ansiedad persistente, depresión, TDAH, trastornos de la personalidad, trastornos psicóticos u otras dificultades psicológicas relevantes. Esta coexistencia se conoce como patología dual.

No se trata simplemente de “dos problemas separados”. Con frecuencia ambos cuadros se influyen mutuamente: ciertos síntomas aumentan el riesgo de consumo, mientras que el consumo empeora o complica el cuadro psicológico. Además, algunos síntomas emocionales pueden estar inducidos o intensificados por las propias sustancias, lo que exige una evaluación cuidadosa y seguimiento clínico (Confederación Salud Mental España, 2020).

En estos casos resulta especialmente importante un tratamiento integrado, coordinando intervención psicológica, médica y social. Abordar solo una parte del problema suele ser insuficiente y aumenta el riesgo de recaídas, abandono terapéutico o cronificación.

## Recuperarse también es reconstruir una vida

La recuperación no consiste únicamente en dejar una sustancia o interrumpir una conducta adictiva. Implica reconstruir progresivamente una vida más estable, saludable y satisfactoria.

Esto suele incluir:

- Reorganizar rutinas y horarios.

- Mejorar sueño y autocuidado.

- Recuperar salud física.

- Reparar relaciones dañadas.

- Aprender nuevas estrategias emocionales.

- Desarrollar ocio no asociado al consumo.

- Retomar responsabilidades personales o laborales.

- Construir una identidad que ya no gire en torno a la adicción.

Muchas personas descubren que el reto no era solo dejar de consumir, sino aprender a vivir sin necesitar consumir.

También suele existir un proceso de duelo. Durante años, la sustancia o conducta pudo funcionar como alivio inmediato, refugio emocional o forma de pertenencia social. Dejarla puede generar vacío, tristeza, nostalgia o desorientación temporal. Estas reacciones no implican fracaso; a menudo forman parte del reajuste psicológico del cambio.

Por ello, el acompañamiento terapéutico resulta tan importante: ayuda a elaborar pérdidas, consolidar nuevos recursos y construir fuentes de bienestar más estables (Washton & Boundy, 1993).

## Pedir ayuda a tiempo cambia el pronóstico

Las adicciones tienen tratamiento y la recuperación es posible. Cuanto antes se solicita ayuda, mayores suelen ser las probabilidades de cambio estable y menor el deterioro acumulado en la salud física, el bienestar psicológico, las relaciones personales o el funcionamiento laboral y social.

Uno de los principales riesgos suele ser minimizar el propio consumo o la gravedad de la conducta, pensar que “todavía no es para tanto”, que “se puede controlar solo” o que ya se pedirá ayuda más adelante. Sin embargo, muchas adicciones avanzan precisamente mientras la persona intenta manejar el problema sin apoyo especializado.

Buscar ayuda profesional no significa debilidad ni fracaso. Significa reconocer una dificultad compleja y abordarla con herramientas adecuadas, acompañamiento técnico y un plan realista de recuperación. Del mismo modo, dejarse orientar por profesionales especializados, aceptar tiempos terapéuticos y seguir pautas clínicas suele aumentar de forma importante las posibilidades de mejoría mantenida.

También resulta fundamental no afrontar el proceso en soledad. El apoyo terapéutico, la terapia de grupo, la implicación familiar cuando procede y una red social saludable pueden convertirse en factores protectores decisivos. Muchas personas mejoran cuando dejan de esconder el problema y empiezan a compartirlo en un contexto seguro.

Además, pedir ayuda temprana permite intervenir antes de que el problema se cronifique, detectar posibles trastornos asociados, prevenir recaídas y reconstruir áreas dañadas de la vida cotidiana con mayor rapidez.

En muchas ocasiones, el primer paso no es dejar de consumir de un día para otro. El primer paso es dejar de minimizar el problema, dejarse acompañar y dejar de afrontarlo solo.

## Referencias bibliográficas

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